Karin Stevens celebra uno de los dos goles que marcó a España en Volendam. | Leo Soeters (vrouwenvoetbalnederland.nl)

Una fase de clasificación como la que empieza España enfrentándose a Turquía supone volver a abrir el cofre de la ilusión, pero también volver a plantearse la misma pregunta que planea sobre la selección nacional desde hace tiempo. ¿Cuál es su nivel? La frialdad de los números puede ser útil para fijar el punto de partida de un análisis. Según la clasificación UEFA ocupa el décimo puesto, por delante de Finlandia y a la zaga de Islandia. Para la Eurocopa 2013 hay once plazas en juego al estar Suecia clasificada de oficio como anfitrión, con lo que inicialmente, el objetivo parece asequible. Sin embargo, si se le compara con sus vecinos continentales, la incógnita no es que esté vigente, es que habla de un equipo “perezoso” hasta extremos insólitos.

Hace casi tres años de aquella visita a la ciudad portuaria de Volendam, cuando en el Kras Stadion, casa del FC Volendam, se vivió una noche histórica. No tenía nada que ver con ese equipo “ascensor”, que alterna presencias en la Eredivisie con otras en la Eerste Divisie (la segunda categoría masculina) y conocido como “Het andere Oranje” (Los otros Oranje). Esta vez era un hito de la Oranje, la selección femenina, que se clasificaba para la fase final de una Eurocopa por primera vez. Las neerlandesas saborearon una alegría idéntica a la que sintió España en septiembre de 1996, cuando aquellas pioneras se auparon contra todo pronóstico entre las ocho mejores selecciones del continente en el torneo que se celebró un año más tarde a caballo entre Suecia y Noruega.

Desde esa cita, España, si se ha ganado algún calificativo a pulso es el de “perezosa”. Entiéndase bien el adjetivo. No pretende enjuiciar la motivación de las jugadoras elegidas, sino su más que cuestionable presencia internacional. El siguiente reto después de esa derrota fue la clasificación para el Mundial de 2011, con Turquía entre los rivales. Esa fase se disputó entre septiembre de 2009 y junio de 2010. Pasó un año, dos meses y doce días, hasta el 5 de septiembre de 2011, cuando la selección se volvió a reunir, con motivo de unas jornadas de entrenamiento que se extendieron durante cuatro días. Y un año, dos meses y veintitrés días después hasta que volvió a jugar un partido, ante las otomanas, precisamente, el primero en el camino al Europeo de 2013. Se hace complicado imaginar que en tan poco tiempo se haya podido armonizar un combinado heterogéneo hasta hacer de él un equipo.

Es lícito y lógico pensar que difícilmente un grupo que no compite durante más de un año pueda rendir al más alto nivel, pero si se retrocede hasta esa noche en los Países Bajos, en los dos años, once meses y doce días siguientes, España ha jugado ocho partidos. Si se hace la media, España ha jugado un partido cada 131 días. Más de cuatro meses de distancia entre un envite y otro. Debido a que la empresa de alcanzar la fase final de un gran torneo ha sido hasta ahora una quimera con una única excepción, la citada de 1997, la explicación a tan esporádicas apariciones en el tiempo hay que buscarla en los amistosos. Pues bien, el último que jugó España data de 2005. Fue en abril ante las norteamericanas del Washington Freedom. Si se busca a un combinado nacional como oponente, hay que remontarse más, hasta febrero de ese año, con Finlandia como rival.

La selección de Alemania jugó en 2011 tantos encuentros como la española en tres años

Mientras tanto, ¿qué hicieron otras selecciones? Solo en 2011, Alemania, que está incluida en el mismo grupo que España de cara a la Eurocopa 2013, ha jugado ocho partidos (sin contar el primero de la clasificación para el torneo continental del próximo año). Los mismos que la “roja” en casi tres años. Si partimos de la fecha en la que el equipo nacional cayó ante los Países Bajos, las germanas han disputado 33 envites. Bien es cierto que estamos ante la que ha sido la mejor escuadra del mundo durante los últimos años, con lo que su presencia a nivel mundial era más que relevante. Por eso, vamos a compararla con los Países Bajos (7º en la clasificación UEFA), por ser quien apeó a nuestra selección en 2008 y con nuestro vecino geográfico, Portugal (21º de la clasificación UEFA), que al igual que España no logró la clasificación ni para la fase final el Campeonato de Europa de 2009 ni para la del Mundial de 2011. El combinado de los Países Bajos ha jugado 46 partidos desde esa fecha, multiplicando por ¡ocho! los jugados por España en esa misma porción de tiempo. Dato elevado si tenemos en cuenta que no se clasificó para el Mundial de este año. Finalmente, Portugal ha disputado, 24 partidos, por los 8 de España. La tabla de multiplicar dictamina que el otro equipo ibérico multiplica el registro hispánico por tres.

Por eso si se le puede calificar a España de alguna forma es como un equipo “perezoso”, que sólo juega los partidos obligatorios (los de clasificación para un gran torneo) y que rehúsa medirse ante rivales más allá de esos límites. Por ello, se hace muy complicado determinar su nivel, cuando sus partidos se salpican en el tiempo de esa forma tan espaciada. Ya sea por dejadez de los responsables federativos o por otro motivo que no corresponde valorar a quien esto escribe, los fríos números dejan un cálido sonrojo.